Anni B. Sweet: «Es pronto, pero creo que seguiré experimentando con este sonido»

La artista malagueña presenta su nuevo disco, «Universo por estrenar», así como los primeros conciertos de su gira para este verano

Anni B. Sweet

Hubo un día en que Ana Fabiola López (Málaga, 1987) se convirtió en Anni B. Sweet. Quería ser cantautora, así que pintó de folk los acordes de su guitarra acústica y empezó un camino durante el cual compuso tres discos brillantes. Tenía una voz, un estilo y un universo fácilmente reconocible. Hasta entonces, Anni B. Sweet siguió un sendero lógico y cómodo, con el que aprendía y vivía de la música. Que no es poca cosa. No obstante, hubo un día en que Anni se dio cuenta de que necesitaba un cambio. Ya no podía seguir ese camino. Al menos, no por inercia.

Anni dejó incluso de escribir canciones. Hasta llegó a pensar que, igual, ese era el final. Y, entonces, no es que se produjera un cambio, sino que tuvo lugar toda una explosión. Una supernova que invadió el sótano de su casa con una nube densa de música, distorsiones, psicodelia y letras oscuras, dando lugar a un nuevo disco: «Universo por Estrenar», (Subterfuge, 2019).

En un principio, sobre este nuevo álbum pesaba un enorme hype porque Anni había cambiado el inglés por el español. Era lo único que interesaba en los titulares. Y, sin embargo, no ha sido lo más sorprendente de este trabajo. De hecho, hubiera sido mucho menos llamativo que, de repente, lo firmase como Ana Fabiola. Porque «Universo por estrenar», valga la redundancia, estrena mucho más que un cambio de idioma: es un cambio de estilo, de sonido y casi de voz. Es, sin dudas, uno de los trabajos más interesantes de este año y promete dar mucho que hablar –para bien– en los directos.

Sobre eso y otras cosas, nos habla Anni B. Sweet desde su casa en Granada. Son las 17.30 de la tarde, la hora de la siesta, y Anni B. Sweet está preparando todo para su próximo concierto en Sagunto [la entrevista se realiza el jueves 4 de julio]. Al día siguiente tienen que salir temprano para allá y quiere dejarlo todo listo. «Últimamente no me da tiempo para dormir la siesta, tengo que aprovechar todos los ratos que tengo para preparar cosas, ensayar, con lo cual, todo bien», afirma entre risas. Este es tan solo el tercer concierto con su nuevo disco y con la nueva banda. «El cuerpo te pide tocar y tocar para amoldar las canciones». A tocar, pues.

P.- ¿Cómo ha sido la experiencia de esos primeros conciertos con el disco?

R.- Pues estás más pendiente de otras cosas, a nivel técnico y del sonido, por ejemplo. Son canciones nuevas, una banda nueva, entonces, te mentiría si te dijese que la estoy disfrutando y que todo es perfecto [ríe]. Estamos pendientes de estar a gusto en el escenario, de que todo suena bien, de si la guitarra que llevo es realmente la que voy a llevar a la gira, todo ese tipo de cosas más técnicas.

Disfrutas del público, de la gente que se sabe las canciones, algo que me sorprende mucho, porque no me ocurría con los discos anteriores. Al ser en inglés, no escuchaba a la gente cantar los temas. Ahora sí que ocurre. Lleva tan poco el disco que se agradece que la gente se sepa los temas y esté contigo cuando estás ahí en el escenario.

P.- Y, además, los nervios, ¿no?

R.- Claro, estás más pendiente de otras cosas que de disfrutar. Sinceramente, el primero fue más duro. El segundo que dimos en Valladolid ya pudimos disfrutar [risas]. Y el de mañana tiene pinta de que ya vamos a ir más relajados y a disfrutarlo bien.

Anni B. Sweet en los conciertos del Pop CAAC 2018 en Sevilla / E. Mendoza

P.- Entiendo que esto también forma parte de ese proceso de salir de la zona de confort. ¿Cómo ha sido todo ese proceso?

R.- En la grabación ha sido muy bueno. Salir de esa zona me ha dado un aire fresco que necesitaba y que no sabía que lo iba a encontrar haciendo eso. A la hora de subirme al escenario está siendo algo muy nuevo. Porque el disco no lo grabé con la banda, lo grabé yo y Noni tocaba otros instrumentos, después James [Bagshaw] lo tocó casi todo, que es quien ha grabado el disco en Inglaterra. Entonces, ahora es que hemos dicho «vamos a coger el disco y lo va a tocar una banda». Está siendo muy bonito, está cogiendo toques más vivos, que en el escenario se agradece un montón. Está siendo una mezcla de nervios y de emoción.

P.- He leído que has dicho eso de que «ahora estoy haciendo la música que me gusta», que no es que no te gustara lo previo, sino que haces referencia al nuevo sonido, a esa inspiración en los 70, a la psicodelia, etc. Entonces, ¿este disco tiene ese punto «liberador»? ¿Estamos ante una Anni más libre y creativa?

R.- Sí, yo me siento mucho mejor. En los discos anteriores siempre he hecho lo que me ha gustado y he sido honesta con lo que tocaba e iba creando. Pero realmente hay veces que lo que te pide el cuerpo, no es lo mismo que lo que te sale. Hay veces que lo que te sale es algo diferente a lo que tú escuchas en casa, por ejemplo. Y quizás, por eso era ahora se han unido esas dos cosas: estoy haciendo la música que a mí me gusta escuchar. Eso se disfruta de otra manera.

Además, el paso del tiempo te da más conocimiento para llegar a ese sonido que tú tienes en mente, que no puedes conseguir en un primer disco. Ahí estás aprendiendo. No es que no me sintiese libre en los otros, pero el conocimiento te da mucha libertad. Saber manejarte con los instrumentos, con el sonido, todo eso te abre muchas puertas que antes no tenías. Eso me ha ayudado mucho.

P.- ¿Cómo ha sido llegar hasta ese punto liberador? Porque al principio tuviste un bloqueo creativo. Llegaste a pensar que tu arte «se había acabado».

R.- [Ríe] ¡Sí! Creo que ha sido complicado, también, por mi forma de ser. Soy una persona tímida, introspectiva, me cuesta relajarme de puertas afuera, y eso se ve reflejado en mi música. Pasan los años y también aprendes de eso. Aprendes a quitarte prejuicios y a aceptar lo que te sale y hacer lo que te gusta de verdad. Eso se une a lo que vas aprendiendo con el tiempo y forman un equipo muy bueno, porque acabas haciendo algo que te gusta. Y lo agradeces.

Y lo del bloqueo, pues, realmente, aunque fueron momentos también muy feos, porque no te sientes bien y no es agradable, a veces es el lenguaje del cuerpo el que te hace ver que necesitas un cambio, que hay algo que no funciona. Para mí fue así. Cuando me di cuenta que estaba bloqueadísima, quizás lo que me estaba pidiendo mi cuerpo era un cambio porque hay algo que no está marchando bien. No puedo seguir actuando por inercia. El arte hay que hacerlo de otra manera.

P.- Hablamos hace un año cuando tocaste en el Pop CAAC de Sevilla y ya dijiste que tenías unas 30 canciones, aunque no de todas tenías demo. Pasaste del bloqueo total, a tener más de 30 canciones. Es como si tuvieras un tapón y al quitarlo emanara un chorro de canciones y letras…

R.- ¡Pues creo que fue así! [Ríe].

P.- ¿Eso hace que este sea un disco más visceral?

R.- Sí, como más animal, ¿no? Como que salió todo un poco más… Sí, yo creo que sí. Fue tal cual. Creo que, ese momento en que está el cuerpo como removiéndose por dentro, y la cosa no funciona, todo eso está ocurriendo por algo. Pero cuando te das cuenta de lo que te pasaba, pues te das cuenta de que el cuerpo tenía ganas de echar todo lo que echó.

Ocurrió también una cosa: me puse a componer y a escribir y yo no era consciente de las canciones que tenía [ríe]. Estaba todo el rato con la obsesión de «necesito buscar una melodía bonita», «quiero que esta canción suene así», estaba súper inspirada. Tenía muchas ganas de crear. No era consciente hasta que me paré a ver qué tenía. Y, joder, me sorprendió, porque tenía para dos discos.

P.- Cuando te paraste a mirar qué es lo que tenías, ¿cómo hiciste esa criba? Porque el sonido hace un poco de hilo conductor, pero no hay una temática clara o un trasfondo, ¿no?

R.- Realmente, si te digo la verdad, no hice una criba profunda. Cogí las canciones que me gustaron, las últimas, sobre todo, las que tenía un poco más en mente y no se me olvidaban, las que más vueltas me daban por la cabeza… y son con las que jugué más. Después hubo una segunda criba que ya me ayudó a hacerla James, directamente. Y los amigos, que me decían «buah, esta es muy bonita, esta tiene que ir». Porque yo para eso hubiese metido las treinta, directamente [risas]. Para eso soy un poco más complicada.

Aunque, ahora que lo pienso bien, «Buen viaje» fue la primera canción que compuse. Y estaba dentro, con lo cual, la criba iba más por las últimas, pero también por aquellas canciones que estaban en mi cabeza sonando y me decían «¡quieres, quieres tocar esto!» [Risas]. Después me ayudaron los amigos, porque a mí esas cosas me cuestan un montón. Yo hubiese hecho un disco doble.

P.- Este disco es un poco rompedor en tu carrera, no solo por el idioma, sino por el sonido, las texturas, la estética… No sé si es un disco más «experimental» o es un punto de inflexión hacia una nueva Anni B. Sweet. ¿Este sonido ha llegado para quedarse?

R.- Creo que va a tirar hacia algo nuevo. Que, en realidad, si lo piensas, en todos los discos siempre he hecho algo un poco diferente. El primero era más naif, más orgánico, el segundo más oscuro y experimentando un poco con sonidos eléctricos, el tercero más pop, pero eléctrico. Siempre ha habido cambios. Este sonido, yo estoy muy contenta con él y estoy muy a gusto. Creo que, de momento, me da la sensación, porque también es muy pronto para decirlo, que sí que seguiré experimentando por este lado. Creo que pueden salir cosas muy interesantes por aquí.

P.- Es interesante también el contraste que se refleja en el disco. Por un lado, hay letras que hablan de dolor, de desazón, etc. Hay versos como: «Me dejaste a solas con la luna y me he dado cuenta que su cara oscura tiene más luz que yo» que, por otra parte, vienen acompañados de una música brillante y, por momentos, hasta divertida. ¿Ha sido premeditado ese contraste?

R.- Pues, realmente, no ha sido buscado, pero puede ser que en el subconsciente sí. Es decir, cuando estuve haciendo las demos en el sótano, que me puse a grabar todo, el cuerpo me pedía esa especie de atmósfera. Entonces, quizás, aunque yo no lo buscase, había algo de mí que sí que buscaba ese sonido. Y yo creo que también es un poco el juego. Aunque tengan ese punto de oscuridad, de estar pasando por un proceso duro, que fue el del bloqueo, el querer cambiar y buscar un camino diferente, pues pasa que a veces te encuentras un poco en tierra de nadie.

Porque no puedes pasar de un lugar a otro, así, de un salto. Estás en esa transición en el que no eres lo que eras ni lo que quieres ser. Llega un momento en que el sonido se balancea por esa búsqueda de ser lo que quieres ser, de ser más libre. De querer buscar los valores que a mí me gustaban antes. De darle importancia, por ejemplo, a la imaginación, potenciar la curiosidad, mantenernos vivos mentalmente, que ahora parece que con tanta rapidez con la que vivimos, y tanta sobreinformación, estamos perdiendo ese lado. Nos están dando tantas cosas que tenemos la mente ocupada en otras historias y no ahondamos en cosas que pueden ser muy interesantes. El disco tiene una mezcla entre esas sensaciones y paisajes que son más fantasiosos. Por eso tiene también momentos de juego y no solamente oscuridad.

Anni B. Sweet en un concierto de 2018 / E. Mendoza

P.- Es verdad que este disco pasa por muchos paisajes y texturas, es muy complejo. Te ha pasado que, grabando el disco, te has llegado a decir: no te pases con la psicodelia que esto luego hay que defenderlo en directo.

R.- [Ríe] ¡Sí! Lo pensé un par de veces. Y después parece ser que se me olvidó [risas]. Se me pasó por la cabeza cuando hacía las demos. Incluso cuando estaba grabando en el sótano me daba cuenta de que estaba haciendo cosas muy complejas y que tiraban a lugares raros. Se puede escuchar en el disco. Sí que pensaba: joder, esto después en el directo… Pero me dio un poco igual en ese momento. ¡Lo pensaba y después se me olvidaba de nuevo! [risas].

Sin embargo, me he dado cuenta ahora, tocándolo con la banda, que tiene sentido. Al ser todo cosas que se han tocado de verdad, son posibles de tocar y lo único que hay que hacer es sintetizar. Es verdad que en alguna canción no pueden estar sonando los cuatro teclados que hay. Pero lo que está sonando es lo importante y, a lo mejor, se está creando un sonido nuevo, una atmósfera diferente, pero que llena igual. El hecho de que lo esté tocando una banda en directo está cogiendo una forma que… es igual que el disco, pero tiene un punto diferente, que es lo suyo también.

P.- Además del sonido, a nivel compositivo hay otros factores importantes en este disco ya que el año antes de componer te lo pasaste leyendo, sin apenas escribir. Es verdad que, aunque no haya referencias directas a esas lecturas, ¿notas una evolución como letrista? ¿Hay algo diferente en tus composiciones, aparte del idioma?

R.- Creo que de forma inconsciente puede que sí. Conscientemente no creo. Eso que he estado leyendo no se va a ver ahora, sino más adelante. Creo que la mente necesita un poco de tiempo para procesarlo y hacerlo suyo y después poder crear tú lo tuyo. Creo que esto que he hecho no tiene que ver con eso que he leído.

O igual sí. Pienso mucho esto que me has preguntado, lo tengo en mente muchas veces en plan: ¿qué hubiese ocurrido si no hubiese leído nada? ¿Me hubiese puesto a escribir otras cosas? Tengo la sensación de que algo me ha ayudado, pero que no se ve plasmado en las letras. Me queda mucho por aprender.

P.- Te ha dado herramientas y recursos, más que inspiración, ¿no?

R.- Eso es. Exacto. Puede ser que me haya dado fluidez, soltura… Cuando vienes de estar leyendo, eso te aporta mucho.

P.- No obstante, en lo musical se ven referencias muy complejas, desde los Pink Floyd a Lori Meyers, pasando por The Last Shadow Puppets, Morricone e incluso sonidos más pop de los 60. ¿Qué tenías en mente cuando vestías las canciones? ¿Qué estabas buscando?

R.- Cuando estaba haciendo las demos no tenía influencias en mente. Me olvidé totalmente. Estaba más metida en lo que me pedía la canción y en jugar. Tenía muchas ganas de experimentar con los sonidos. De hacer algo que me naciese de dentro, de verdad. Una vez que las canciones estaban vestidas, te empezaban a pedir cosas.

Conforme más capas le iba metiendo, ahí es donde florecían las influencias que tengo. Donde salía ese guiño a Morricone, ¿no? O al pop de los 60. Ese tipo de cosas fueron saliendo más tarde. Me di cuenta más tarde. El subconsciente guarda eso. Has estado escuchando una música durante mucho tiempo y, al final, se va a ver reflejado ahí y dejas que ocurra, porque te gusta.

P.- Este disco, además, está teniendo muy buena acogida, hasta ahora las críticas han sido positivas, alguno ha llegado a decir que es el disco del año incluso… Vamos, que la crítica negativa se hace de rogar. Entonces, antes de que nadie se adelante, si tuvieras que decir algo del disco, no negativo, pero que le falte, ¿por dónde crees que cojea?

R.- Uf. Es complicada esa pregunta, ¿eh? [ríe]. Porque yo lo quiero mucho. He trabajado tanto en él que le he cogido muchísimo cariño al disco. No lo sé, me ha alegrado muchísimo la respuesta. No sabía que iba a ocurrir así, no es un disco sencillo.

No creo que sea un disco para ponerlo en cualquier momento, o cualquier persona. Tiene mucha distorsión y mucho efecto y no todo el mundo está preparado para eso. ¡Pero, joe, qué pregunta más complicada! Es que si me dices a lo mejor, en plan, qué más le hubieses hecho al disco… [risas]

P.- Bueno, pues enfócalo por ahí: ¿qué le falta al disco?

R.- Te diría que haberle metido unos tres o cuatro temas más [Risas]. Para que no cojee, habría que haberle metido más temas [risas]. A ver, es que he tenido un equipo tan bueno alrededor y todo el mundo se ha esforzado tanto y le ha puesto un montón de cariño, que en otros discos hubiese sido más fácil. Con este me siento muy a gusto. Para una vez que sucede, habrá que aprovecharlo [risas].

Anni B. Sweet estará con Live The Roof el 17 de julio en Madrid y el 18 en Donostia

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