Antílopez: «Los andaluces somos muy transgresores, tenemos mucho que decir»

El grupo andaluz Antílopez estará este 22 de noviembre en el Cartuja Center Cite de Sevilla

Fotograma de Antílopez, grupo que dará un concierto en Sevilla este fin de semana

La música andaluza es, en parte, reflejo de su gastronomía: ingredientes naturales y frescos que si los mezclas con el suficiente arte dan lugar a platos realmente exquisitos. Recetas donde se fusionan tradición, vanguardia y transgresión. Sabores que desafían a los puristas pero que no reniegan de su tierra. Así, de hecho, es como se cocina un verdadero producto gourmet, tan propio de la gastronomía como de la música.

Con esa misma etiqueta, «producto gourmet», es como definen en Antílopez sus creaciones, su música y su estilo, también conocido como «Chiripop Absurdo Depresivo con Catarsis Tragicómica»: el resultado de mezclar pop, carnaval, flamenco, rock y rap, con la canción de autor. Por supuesto, añadiendo un chorreoncito de humor, el equivalente al aceite de oliva en el recetario andaluz. Este producto gourmet tuvo su germen en Isla Cristina (Huelva), donde se conocieron Félix y Migue, intercambiando letrillas de cuplés, cintas de Kiko Veneno y Silvio, y películas de «Goku».

Compositores de Carnaval, cantautores y casi humoristas: con este bagaje, los Antílopez han conseguido, desde su experiencia como consumidores, crear un plato único y diferente para los paladares más exigentes. Así lo explica un amigo de Miguel Ángel Márquez Cáceres (Mérida, 1981), «Migue»: «Nos dijo que éramos como unos dulcecitos artesanos de pueblo que miran a los donuts por encima del hombro, no tenemos nada que ver con la bollería industrial». Quienes estén interesados, aún tienen la oportunidad de degustar esta delicatessen musical: el 22 de noviembre, Antílopez dará un concierto en Sevilla, en el Cartuja Center Cite. Bon appétit.


Tras más de un año desde la publicación de vuestro último disco, ¿qué valoración hacéis del camino recorrido? Porque entre teatros, salas, festivales… no habéis parado.

La valoración es magnífica. Estamos en un camino que ni en nuestros mejores sueños, vamos. Salimos del pueblo con las guitarras y, claro, imagínate. ¡No sabíamos ni que podíamos llegar a Sevilla! Y llegamos a Sevilla. Empezamos a ampliar: Málaga, Cádiz… Andalucía. ¿Qué pasa con Despeñaperros? Venga, p’arriba, Madrid. A gustarnos. Nos vamos después al norte: Bilbao, Barcelona. Triunfazo.

Todo esto después de varios disquitos. Gracias a Internet hemos llegado a México, Colombia… Un espectáculo. Y llegar allí… porque, claro, si solo fuera España. Bueno, sería un crecimiento lógico, como producto. Pero lo de México y Colombia, gente que nos sigue y eso… ¡No nos lo creemos! Cuando tienes una discográfica detrás, una multinacional, que te mete cien mil euros y te ponen en la Gran Manzana, en las pantallas LED [risas]. Y te ve todo el mundo, imagínate. Nosotros que venimos de donde venimos nos llena el doble.  

Es más difícil todavía, porque además de ser independientes, habéis hecho de vuestra personalidad un estilo propio, un producto único y extraño. Y habéis conseguido vivir de ello.

Pues sí, como decía mi madre: «Se le ha metido en los cojones al niño tocar la guitarra y al final está tocando la guitarra» [risas]. Lo del estilo supongo que ha sido por lo pesado que hemos sido. Sí es verdad que se ha impuesto al final la personalidad. Félix y yo, yo y Félix, como se diría, nos conocemos desde chicos y es una suerte tenerlo ahí. Se dan muchas cosas en común con él: el humor, la misma actitud crítica de no tragarse cualquier cosa que nos ponen por delante. Es una suerte haberme encontrado con él.

Además, yo a Félix lo considero el mejor cantautor de esta década, muy por encima de cantautores famosos como Ismael Serrano o Pedro Guerra. Para mí es una suerte trabajar con un tío así y que tenga el sentido del humor que tengo yo. Y que me compre las ideas. Crear con él es muy guay, su réplica, todo fluye. Es una suerte. Nosotros que somos compositores de Carnaval, cuando estamos en mesas de brainstorming, de creación, vas con gente que no te sigue el rollo, que no te compra ideas… Pero nosotros no tenemos límite. Como editorial somos perfectos los dos. No hay límite y creo que de eso se ha beneficiado el producto Antílopez.

Hablando de cómo os conocisteis, este proyecto nace en Isla Cristina, ¿no? Cuando erais pequeños.

Sí, Félix y yo somos de aquí, de un barrio del cual no nos separan más de dos manzanas. Nos conocimos jugando al fútbol, a las maquinitas en los recreativos y, después, nos conocimos en la Secundaria, cantando cositas de Carnaval y demás. Nos intercambiábamos cintas de Goku [risas]. A partir de ahí ya empezamos a cambiarnos música, porque a mí me gustaba Kiko Veneno, Camarón, y él me iba pasando Silvio Rodríguez y nos hemos enriquecido mutuamente, ya te digo. Ha sido una conexión brutal. De momento estábamos haciendo pasodobles y cuplés para los profesores del instituto y aportando cositas para el periódico del instituto…

Después hicimos una banda, nos presentábamos a concursos y yo aprendí incluso a tocar la batería para poder presentarnos. Nada más que sabía tocar diez canciones, las nuestras. Eso fue desembocando en el dúo que somos ahora. Poco a poco lo hemos ido poniendo en común y ha caído bien.

¿Recuerdas ese momento en el que decís: a esto que hacemos lo vamos a llamar Antílopez?

Sí, pero no empezó llamándose así. No teníamos nombre ni nada. Éramos dos amigos y ya está. Me acuerdo que en los inicios venía de corista una prima de Félix y otro chaval a tocar la guitarra y nos llamábamos «El Grito de Rantamplán» [risas]. Un nombre así muy patilla. Pero, claro, después empezamos a preguntarle a la gente, hicimos un primer logotipo, y a partir de ahí empezamos a llamarlo así. Después hicimos camisetas y casi terminamos dedicándonos a eso, como el que inventó el logotipo del niño de Tarifa, ¿sabes? [risas].

Félix, según tú, es el mejor cantautor del país, pero también tienes tus premios y tus concursos. Y me he fijado en que quedaste segundo en 2010 y 2011 en el certamen del Pay-Pay, en Cádiz. En el sur, al menos, si alguien quiere empezar en la canción de autor, ese lugar es el indicado para empezar y poner las canciones a prueba, ¿no?

En Cádiz, en general en nuestra zona, con Huelva y Sevilla, tenemos un listón estupendo. Para nosotros, por lo menos, es la vara de medir. Para nosotros tiene ese puntito. Por supuesto que el listón que pone Cádiz es el adecuado para empezar, por la canción de autor, por los concursos, por el Carnaval… Culturalmente hablando están muy avanzados, ¿sabes?

Es un puerto de muchas idas y venidas, musicalmente hablando. Es muy rico. Genéticamente cualquier mujer que va a comprar al Polvillo tiene un compás y un arte que te cagas. Hay zonas que lo tienen y nosotros lo tenemos. Entonces, no me voy a regir, por mucho respeto que le tenga, a la música que sale en Bilbao. Mi guía y mi base es nuestra tierra.

Hablando de nuestra tierra, en ElDiario.es dijiste hace no mucho que en el norte os daba miedo de que os tacharan de «andaluces graciosetes».

Sí, el estigma.

¿Somos los andaluces más acomplejados a la hora de sonar de Despeñaperros para arriba?

No, no, no. Para nada. No incluiría, tampoco, a los andaluces bajo una única etiqueta. Igual que hay micropolíticas, hay andaluces de su padre y de su madre. Me daba miedo el estigma del andaluz, como existe el del catalán o el madrileño. Nosotros cuando pasamos de Despeñaperros queríamos romper ese estigma: pronunciar adecuadamente, sin perder nuestro acento, pero tener una dicción neutra, como muchos comunicadores. Como puede ser el caso de El Yuyu, que empezó en la radio y consiguió un andaluz neutro, muy gracioso, que llegó hasta Madrid, y sin pecar de andaluz. Muy gracioso, muy inteligente.

Queremos ser unos andaluces modernos, unos neoandaluces, unos andaluces dignos que sirvan de paradigma. Sin renunciar a nada. Pero no somos andaluces del «quiyo, pisha, qué paza». Eso no. No agarrarnos a esas mierdas. Andalucía tiene muchas cosas que decir. Somos muy transgresores, estamos muy en primera línea y no se nos da el mérito que tenemos, la verdad. Estamos por delante en muchas cosas, es la verdad.

La música y la letra es muy importante en vuestro show, pero en el directo la relación con el público es imprescindible, creáis un ambiente único y llega a ser una parte esencial del espectáculo. Hasta el punto en que has llegado a denominarlo como «meticulosamente improvisado». Parece bastante difícil: cantar bien, tocar bien y, encima, hacer reír.

No… no sé [piensa]. Te agradezco que lo digas. Pero es que a nosotros nos sale así, natural. Hacer las cositas bien, traer un producto empacado con la suficiente calidad como para que le guste a la gente. Nosotros antes que artistas hemos sido espectadores, y muy exigentes. Por eso cuando hacemos esta propuesta y nos subimos al escenario no nos permitimos cualquier cosa.

Somos una editorial que deja cosas fuera, que no llegan a formar parte de Antílopez. Entonces, Antílopez tiene que ser una especie de producto gourmet, lo digo así pero no quiero que suene pretencioso. Queremos que sea un producto gourmet que no tenga nada que ver con el resto de cosas que hay en las estanterías de El Corte Inglés [ríe]. Tiene que desmarcarse. Un amigo nos dijo que éramos como unos dulcecitos artesanos de pueblo que miran a los donuts por encima del hombro [risas]. Que no tenemos nada que ver con la bollería industrial. Somos un producto que la gente nos viene a comprar exclusivamente porque sabe que ese dulcecito solo se fabrica en ese pueblo.

Como bien has dicho, funcionáis con una línea editorial. Ese proceso creativo y compositivo, ¿ha cambiado con el paso de los años?

Si con igual te refieres a la misma ilusión y las mismas ganas, sí, te lo compro. Evidentemente, los años te cambian. Nosotros cada vez tenemos más conciencia de todo, más responsabilidades, nos tenemos más en el punto de mira. Vamos teniendo conciencia y, como decía Sartre, cuando sus libros empezaron a ser producidos, para otras personas del mundo para las que él no había escrito, empezó a tomar conciencia de sí mismo y empezó a ser consciente de que había dos «Sartre»: uno era él y el otro era el que sabía que podía llegar a grandes personalidades y grandes públicos. La lucha de no decepcionarnos a nosotros mismos, y no dejar de darle de comer a ese personaje que hemos creado, a esa duplicidad. Tenemos un compromiso con nosotros mismos.

También te digo que nos ha venido la popularidad cuando éramos bastante mayores. A lo mejor nos viene con veinte años y somos gilipollas. Como les pasa a muchos niños. Nos ha venido a cierta edad y ya es difícil despegar los pies de la tierra. Creo que tenemos las cositas muy bien amuebladas y, entre los dos, nos vamos llevando muy bien. Con mucha humildad. Lo vamos llevando bien.

Entiendo que esto no ha sido siempre fácil, que también habéis tenido algunos palos en las ruedas.

Eso forma parte de la vida. La madurez consiste en tomar muchas decisiones y descartar muchísimas otras. No lo digo con pena. Acumular aciertos es lo que nos define. La intuición no garantiza nada. Hemos dado con una buena oficina, Sypro Music, hemos dado con gente que cree en el proyecto y el ir por los pueblos, por las ciudades, ha hecho que se nos acerque la gente y hemos podido elegir a qué público dirigirnos. El estilo no es solo cuestión nuestra. Hay gente que nos ayuda con los vídeos, con la contratación, con los programas y rechazar algunos otros, porque somos más de Buenafuente y no de Sálvame. El escaparate gourmet, como te digo, depende de tratar a la gente con inteligencia. Ni a cualquier precio ni a cualquier postor.

Frente a unos autores como vosotros, con un estilo a veces tan ácido, y además siendo carnavaleros, me es imposible no preguntaros por la actualidad política, con las elecciones que acabamos de vivir. Porque la situación actual, con el auge de la ultraderecha, ¿da para canción, para cuplé, para pasodoble, para un disco o una chirigota entera?

Da para todo, la verdad. Está todo muy reciente, ¿sabes? Los autores del Carnaval estábamos todo el rato con el boli, escribiendo y tachando cosas. La típica escena de frustración de una película: el tipo que coge un papel, lo hace una bola y lo tira a la papelera. Estábamos esperando las elecciones y aún lo tenemos muy reciente, estamos escuchando las noticias, viendo cómo lo asimila el país. Los autores, aunque tengamos las ideas propias, estamos esperando un poquito. Ya acabado, a ver cómo asienta el arrocito un poquito y a ver cómo le metemos mano a lo que está pasando. A todos nos ha cogido de sorpresa.

Antes hemos hablado de los inicios, pero estaría bien hablar de cómo os veis en unos años o cómo os gustaría estar.

Como en las entrevistas de trabajo, ¿no? ¿Cómo te ves dentro de cinco años? [risas].

Más o menos, algo así.

Félix y yo nos vemos como autores, estando del lado de la cultura y del lado de unir a la gente, generando nodos de reflexión, como pequeños álbumes instantáneos de nuestras canciones. Nos vemos creando, para nosotros y para otros artistas, sacando discos y siempre en el mundo de la composición, generando. Estando en el escenario, en nuestro canal con nuestros vídeos y colaboraciones y mantenerlo. ¡Algún libro está por ahí rondando! Tengo un libro escrito que saldrá dentro de poco, pero hay algo por ahí. Estamos trabajando en el siguiente disco ya, poniendo material en común y trabajando sin parar.

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