El Kanka: «Ya tengo siete u ocho temas nuevos, no tengo ganas de parar»

El Kanka agota las entradas para su concierto en Sevilla y anuncia nueva fecha en la capital hispalense dentro de su gira «Donde caben dos caben tres»

el kanka concierto sevilla
El Kanka / Samuel Gómez

Eso de que «el camino se hace al andar» se lo ha tomado muy al pie de la letra Juan Gómez Canca (Málaga, 1982). De hecho, El Kanka –como le decían a Juan por las calles de Málaga cuando era pequeño– está dibujando un camino larguísimo. A su ritmo y sin parar demasiado, hilando gira con disco y gira con gira. Tanto ha andado El Kanka en el último año, sin llegarse a parar, que le ha costado incluso algún que otro mal rato.

El suyo es un camino construido muy poquito a poco. Canción a canción. Conectando, una a una, con cada una de las más de tres mil personas que va a meter el solito durante dos días en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla en el mes de septiembre. Y con las otras tantas miles de personas que acudirán a su llamada en sitios como Granada, Cádiz, Barcelona o Valencia, hasta llegar a la meta final: el WiZink Center en Madrid.

Tras esa mala racha en la que el cuerpo le pedía una paradita en el camino, aunque fuera corta, El Kanka ha tomado nota y ha decidido aplicárselo para este año. A pesar de la gira de más de 80 conciertos y del tour por Latinoamérica del último mes, se ha reservado el mes de julio para parar un poco, al fin. Pero no se alarmen, que la parada es solo para coger impulso. En septiembre El Kanka vuelve a su camino, aunque esta vez tiene pensado dejar atrás eso de andar. Y también lo de saltar. Ahora le toca, directamente, volar.

Todo vendido para el 14 de septiembre en el CAAC y segunda fecha confirmada, parece que la gira en vez de llamarse «Donde caben 2, caben 3» va a tener que llamarse «Donde caben 3, caben 4» incluso antes de empezar, ¿no?

[Ríe] ¡Yo creo que no! Porque ya llenar un sitio de tres mil personas me parece entre surrealista y chichinavesco… [ríe]. No creo yo que lleguemos a llenar el segundo. Pero, joe, tío, la verdad es que es un puntazo, con tanto tiempo de antelación haber llenado uno de los conciertos… Dice mucho de los sevillanos, amigo mío. 

Visto así, ¿eso quiere decir que es el Kanka el malagueño más querido en Sevilla ahora mismo?

[Ríe] ¡No sé si el que más, tío! Pero es muy curioso lo de Sevilla. Al principio del todo, cuando empecé cantando para quince personas, para el que viniera y tal, ahí hubo dos o tres incursiones en Sevilla supercatastróficas, con muy poquita gente y eso. Pero, desde la segunda vez que hice La Caja Negra [actualmente cerrada], que la llenamos, ahí noté que crecía la cosa. En cuanto a venta de entradas, en Sevilla me va mejor que en Málaga, que es mi tierra y está al lado. En Sevilla se suelen vender las entradas un poquito antes… Sevilla también es más grande, ¿no? Pero hay que desmentir un poco ese pique eterno entre Málaga y Sevilla de una vez por todas.

Y el punto final lo quieres poner en Madrid en el WiZink. Es una carrera de fondo.

La idea es esa. Hacer una gira de grandes aforos y de sitios que duplicaban o triplicaban los aforos que veníamos haciendo. Madrid es la capital, hay muchísima gente y es también donde estábamos haciendo los aforos más grandes, así que tras mucho meditarlo y con una dosis de inconsciencia por nuestra parte, nos decidimos a hacer lo que va a ser el «mostro» final, ¿no? 

El Wizink, que se puede dividir por aforos, en principio lo hemos preparado como para siete mil personas. Si lo vendemos, ampliaremos, pero ya esa cantidad me parece una cosa monstruosa. Pero si llegamos, va a ser un concierto muy enérgico, seguro [ríe].

«En un proyecto como el mío es importante dar estos pasos y apostar contra nosotros mismos, intentando ganarnos»

Cuesta un poco dar ese paso. Subir ese escalón a aforos más grandes, porque tiene que ser un paso muy calculado, pero que también tenga un punto de inconsciencia, como tú bien dices. Si no, no te decides.

Claro, eso es como todo. Como tener un hijo, ¿no? Si te pones a pensarlo, al final no lo tienes. Eso de «este no va a ser un buen momento» o «es que ahora estoy en un momento laboral muy complicado»… Son cosas que o te tiras de cabeza o no lo haces. Si no lo haces, no evolucionas. Desde luego, no es una cosa que hagamos muy tranquilamente… Da un miedo que te cagas. No las tenemos todas con nosotros. Estaba más o menos calculado. Yo venía de vender bastantes entradas y eso, y la gira anterior igual hemos hecho un 30% de «sold out», ¿no? Entonces, sí que viene la cosa apuntando bien.

Pero te metes en una cosa de estas y siempre hay un punto de no saber lo que va a pasar, que responde a la inconsciencia de la que hemos hablado. Si no tienes la valentía del loco, de decir: venga me tiro de cabeza… Y si la cago y me pego una hostia, pues la cagué. Pero si sale bien, o medio bien, has dado un paso fuerte. En una carrera musical, y más una carrera como la mía, que ha empezado con garitos muy pequeños, teterías y cosas así. En un proyecto como el mío es importante dar estos pasos y apostar contra nosotros mismos, intentando ganarnos.

Claro, porque en un proyecto así en el que todo va tan poco a poco, tan proporcional, no sé si hay un punto de inflexión en el que notes la diferencia respecto a tus inicios.

¿Sabes qué pasa? Que veo muchos puntos de inflexión. Hemos ido, como tú dices, paso a paso, lo que pasa que ha sido como exponencial. Si nosotros al principio estábamos yendo a sitios pequeños, como allí en Sevilla, que me acuerdo de ir a La Estación y no fue el primer sitio al que fui. Antes fui a sitios que ni siquiera hacían conciertos, pero que un día me llevaron a mí y vinieron diez personas. Me acuerdo de ir allí con El Niño de la Hipoteca y metimos entre los dos quince personas. Era como una discotequilla y no recuerdo ni el nombre. Después, cuando llenamos La Estación, dijimos de hacer un teatrito y que en vez de cien fueran doscientas. 

Pero, claro, no es lo mismo doblar así, que de mil y pico a tres mil, que es el último salto. Pero qué punto de inflexión es más importante no te lo sabría decir. Para mí también lo fue el primer disco, después de girar tanto por bares. De hacer bares a hacer salitas, también, aunque ganara menos dinero, porque en los bares no te cobran dinero y en las salas hay un técnico y hay una profesionalización que se cobra. En los dos últimos años se ha notado mucho más el crecimiento y seguro que hay peña que se piensa que mi carrera ha sido superrápida. Pero llevo así desde el principio, en realidad, casi doblando el público de un año para otro, podríamos decir. Ahora es más gente y hacen más ruido, ¿no? [risas].

Llevas dos años sin parar, ahora vuelves de una gira por Latinoamérica, pero empiezas en nada otra gira con aforos más grandes… Cuando toque parar, ¿qué vas a hacer? ¿Has pensado en ello?

El año pasado ya tuve una crisis personal muy fuerte. El año pasado hicimos 80 o 90 conciertos. Veníamos de dos años de gira a ese nivel y yo como de seis años de gira ininterrumpida. Yo no había parado nunca. Bueno, este año lo de Latinoamérica ha sido bastante locura, han sido 16 conciertos en seis países en total. Ha sido un no parar, realmente. Pero, mira, julio lo tengo libre. Abril lo tuve entero libre. Este año sí que, a raíz de esa crisis que tuve, hablé con mi equipo y les dije «chavales, vamos a pensar en el descanso también». 

Pero me pasa una cosa y es que de momento yo no tengo ganas de parar en el sentido de «me voy a tomar un año», que lo hacen muchos de mis compañeros. Porque como es una profesión tan loca, en la que viajamos tanto y en la que estamos tanto tiempo fuera de casa y eso, pues nos pide el cuerpo componer, parar… Y a mí, la verdad, que el cuerpo no me lo pide. Sí que me gustaría dar menos conciertos al año, en vez de 80-90, pues 40-50 al año. Pero no necesariamente parar.

Me gusta mi profesión. Soy bastante prolífico y voy componiendo en la carretera y en los huequitos que tengo en casa y todo eso. Ya tengo como siete u ocho temas nuevos para un disco que no se sabe ni cuándo se grabará. Entonces, casi que preferiría tener un volumen más aceptable e igual no parar nunca. Igual en dos años pienso lo contrario, pero de momento no me lo planteo porque, realmente, me gusta mi profesión, cuando no tienes la locura del año pasado, que sí que echaba de menos mi casa y eso de plantar el culo en algún lado.

Esa locura, ese no parar, también se plasma un poco en tu discografía. Entre 2013 y 2017 salen tres discos. El último es autogestionado, de tu propio sello. Por lo que también, el tener el control sobre tu proyecto, es un salto en cuanto al volumen de trabajo, ¿no?

A ver, eso en realidad yo no lo noto tanto. Nosotros no hemos trabajado con una gran discográfica. A mí jamás me ha dicho nadie qué tipo de canción tengo que hacer. Los discos los he hecho yo, como me ha salido del nabo, afortunadamente [risas]. Teníamos una discográfica, que no era una «multi», que nos aportaba algunas cosas y se llevaba otras. Teníamos un trato, digamos, pero ellos no se metían en nada. Me dejaban trabajar con absoluta libertad. Lo que pasa que, ahora, María [Pellicer] que es mi mánager desde el principio, y yo, tenemos nuestras sociedad con la que lo gestionamos todo. Pero, en realidad, cuando digo «nosotros» digo «ella», ¿sabes? [risas].

Así que ella es la que hace todo el curro. Le pasa como a mí, es de hacer muy las cosas a su manera. Es muy inteligente, muy trabajadora y tampoco le gusta que le digan cómo tiene que hacer las cosas. Se siente más libre y, como tú dices, con más curro, así que quizás esa pregunta deberías hacérsela a ella [ríe]. Nadie se ha metido en mi parte, que es la parte creativa. Ahí, afortunadamente, lo he podido hacer siempre a mi manera. 

Hablando de la parte creativa, lo último que has sacado es un EP donde encontramos una canción que se titula «Guapos y Guapas». En ella cantas una frase que dice «la gente se preocupa en demasía» por su apariencia. Eso refleja muy bien la época en la que vivimos, donde la gente proyecta una imagen, real o no, sobre las redes sociales. ¿Es posible escapar de esa vorágine de las redes?

Yo quiero pensar que es posible, que sí. Yo estoy superpresente, por mi trabajo, y habría que ver cómo utilizaría yo las redes si no me dedicara a esto. Seguramente estarían bastante más abandonadas [risas]. Sí que creo que hay que integrarse. Los tiempos están cambiando, las tecnologías están cambiando y creo que tienen su parte buena también. A día de hoy, por ejemplo, te puedes comunicar en un instante con cualquier persona que esté al otro lado del mundo. Eso, antes, no se podía. O, por ejemplo, una cosa que a mí me viene muy bien, que con un clic puedes escuchar cualquier tipo de música que se esté haciendo, prácticamente, en cualquier parte del mundo. 

Lo que pasa que, bueno, hay una serie de inercias que llevan las redes sociales, como por ejemplo, el narcisismo. Veo mucho narcisismo en las redes. Veo gente que está viviendo una mentira, que tiene muchos amigos en las redes y todo lo que hace lo comparten con ellos, pero luego habrá que ver su vida personal, cómo gestiona las relaciones personales. Ahí sí que veo yo mucha falsedad.

Creo que es bonito integrarse, pero intentar también ser crítico con estos cambios. Intento, por mi parte, en concreto, no dejarme llevar en demasía por ese narcisismo y esa falsedad que esconden las redes sociales. Y por esa esclavitud, porque hoy tú entras en un bar y ves a más gente mirando el móvil que mirándose a la cara. A mí también me pasa, ojo, yo también lo hago, y estoy tan enganchado como el que más, pero al menos soy crítico y espero que no me atrape y no me encierre un telefonito. 

Pero también tienen su lado bueno. En tu caso, por ejemplo, el feedback, como puede ser el de los #KankaCovers. Si El Kanka grabara un cover, ¿cuál sería? ¿Cuál es la canción que más tocas cuando estás en casa, que no es de tu repertorio?

Tengo que decirte que he sido un gran «covereador» [risas]. De hecho, ahora ya porque tengo un poco más de respeto profesional… bueno, no te voy a decir que en casa del herrero, cuchillo de palo, pero sí que toco la guitarra prácticamente todos los días. Sí que es verdad que al dedicarme a la composición ya no me aprendo tantas canciones de otros artistas. Sin embargo, cuando empecé a tocar, tío… Vamos, me iba a la playa con la guitarra y podía estar hasta las nueve de la mañana que no acaba el repertorio, ¿sabes? [risas]. Iba de Los Delinqüentes a, yo qué sé, Pink Floyd…

Entraba todo…

¡Entraba todo! Pero, mira, la que más toco últimamente es un bolerito que se llama «Alma Mía», de una compositora mexicana [María Grever]. Yo ya la conocía, pero la recuperé por Natalia Lafourcade, pero no es suya, es de otra artista que no recuerdo el nombre. Ahora mismo es la que más versiono. También, una del último disco de Kiko Veneno que se llama «Obvio», que es una canción hermosísima. Esa también la versiono y es la mejor del disco, para mí.

«Nos ha costado muchas visitas, mucha promo, hacer canciones con muchos artistas… Es muy enriquecedor, tiene mucho mérito y es muy cansado»

En tus redes también hemos visto que acabas de volver de Latinoamérica y ya estás anunciando que vuelves otra vez. ¿Se acostumbra uno a cruzar «el charco»?

[Ríe] Sí, bueno, algo sí, pero es durillo. Pasa que yo odio los aviones, tío, y cada vez que voy a Latinoamérica estoy nervioso desde que lo sé. Saber que me tengo que meter doce horas en un avión me pone malo. Pero sí, sí que te acostumbras. Luego me relajo y me pongo a ver pelis, leer, lo que sea, y me consigo relajar. 

Lo de Latinoamérica tiene dos caras. Por una parte suele ser bastante cansado. De entrada está lejos de tu casa, todo es un poco distinto, los viajes son larguísimos, tienes el jetlag cuando llegas, que siempre te descentra un poco. Eso es un poco lo negativo, pero luego sí que es verdad que, joe, es mágico. Estar en un sitio tan lejos de tu casa y recibir el cariño de la gente, de esa manera tan bestia… Porque los latinos otra cosa no, pero son super expresivos, en los conciertos se vuelven locos… Son un público de puta madre [risas]. Eso es bonito. 

Como satisfacción personal, el mérito que tiene que un artista alternativo como yo, que no suena en la radio, ni allí ni aquí, que se lo ha currado todo a pico y pala, poder estar como ahora en Colombia, que voy a hacer dos conciertos con la Filarmónica de Bogotá, que lo organiza el Ayuntamiento y que además me han invitado ellos… Eso tiene un montón de mérito y no es fácil conseguirlo. Nos ha costado muchas visitas, mucha promo, hacer canciones con muchos artistas… Es muy enriquecedor, tiene mucho mérito y es muy cansado. Básicamente, es la trilogía de los viajes a Latinoamérica [risas].

En lo personal, ¿traes alguna anécdota o recuerdo especial?

Siempre pasan cosas, pero no tan interesantes como me gustaría [ríe]. Vengo de estar un mes, he hecho 16 conciertos, me he cogido 19 aviones, luego he hecho «promo» y una grabación. No he tenido mucho tiempo para que me pasen cosas. En lo personal digo, del día a día, me han pasado cosas de «cantá» [risas]. 

Me traigo sabores, eso sí. Yo soy muy comilón y siempre alguna cosita nueva pruebo. También la música, porque la que es más underground allí, aquí no llega tanto. Antes de visitar Colombia, si me sacabas de Juanes, Carlos Vives o Shakira no conocía lo que se estaba haciendo. Y hay un montón de artistas de puta madre. Los he conocido porque he estado allí y hemos tocado. O porque me han hablado de tal. Al final, el lenguaje también, porque aunque sea el mismo, ellos tienen sus propias riquezas, su manera de usarlo, con matices distintos… Eso te abre la mente y es parte del crecimiento personal.

Estuviste, de hecho, con Jenny and The Mexicats, que allí son muy conocidos. Por eso, me surge la duda de por qué la música mexicana no cala tan fuerte aquí, como la española allí, sobre todo en cuanto a artistas más underground.

Tío, pues eso quisiera saber yo. Es una cosa que me sorprende mucho. No sé si es que ellos son más curiosos… me da esa sensación. Somos primos hermanos, aunque sea por el lenguaje. Coño, nos entendemos perfectamente. Entonces, es mucho más fácil que te entre una canción latinoamericana que una china o inglesa, solo por el lenguaje. Tiene sentido que nos interese mutuamente, pero ellos creo que son más curiosos.

Están ahí en YouTube, miran qué se está haciendo aquí, si conocen a un artista investigan y ven con quién colaboran. En España, me da la sensación, que somos muy de las etiquetas: me gusta el indie-pop o los cantautores y no me saques de ahí. Allí la peña escucha a Iron Maiden, a Maluma y a mí. Les da igual y me parece superbueno. Sí que me da la sensación de que aquí estamos como por compartimentos y que allí fluye todo un poquito más.

Cuando pase la doble cita de Sevilla cumplirás los 37. Han pasado ya unos añitos desde que empezaste a trotar con la guitarra. ¿Qué consejo es el que tienes más presente a diario y que quizás te hubiera gustado saber cuando empezaste?

Vamos, no hay una fórmula mágica para nada, pero sí que lo que mantengo es la constancia. La primera canción que hice me costó siete u ocho libretas de romper hojas y de escribir un montón de cosas que no me gustaban una mierda. Pero a base de escribir, de ser constante, de que pasen los años, he dado con mi manera de escribir y de hacer cancioens, de expresarme como yo quiero y estar a gusto con lo que hago sin obsesionarme, sin ser tan perfeccionista de pensar que todo es mejorable. El tema seguir intentándolo desde la constancia me parece fundamental, para una profesión tan rara como la nuestra.

Luego, una vez que tienes, digamos, la parte creativa medio encauzada, para todo lo demás también. Intentar que no te amedrente o no te desanime hasta el infinito que al principio sea superdifícil y no consigas llegar a fin de mes, intentar que eso no te desmoralice. Al menos, no tengo la sensación de que haya sido tan fácil. No hemos trabajado con una multinacional. No llegó nadie a darnos apoyo. Ha sido todo a base de mucho esfuerzo y lo he conseguido, bueno, lo he conseguido… [ríe]. Ahora tengo que conseguir seguir, que es lo importante [risas]. Si tiras muchas piedrecitas, alguna cae en el vaso.

Esa parte creativa, que también se trabaja, al final tiene su recompensa cuando la música conecta con la gente. ¿Por qué crees que tus canciones conectan tan bien?

No lo sé… ¡Deberías preguntarle a la gente! [ríe]. Mira, a mí me sorprende mucho una cosa y es que yo no intento, al principio, conectar con nadie. Al menos, no conscientemente. Eso no existe, al menos en mi proceso de composición. A mí me ocurre, por lo menos, que cuando me planto delante de la hoja en blanco yo lo que me pregunto es «¿qué es lo que me está rayando últimamente?». Porque siempre, a todos, nos rayan cosas: te ha dejado una novia, le ha pasado algo a tu primo, que te preocupa, le estás dando vuelta a tus neuras… Y eso es lo que me pregunto. Sí que es verdad que tengo mi forma de decir las cosas y entiendo que, en general, es bastante accesible. 

Creo que se entienden bien las canciones, pero todas parten de una paranoia mía. Intento ser sincero conmigo mismo y, quizás, eso conecta con la gente. La sensación que yo tengo es porque, al final, somos todos muy parecidos. No son tan distintos los miedos, los problemas, las obsesiones… También las alegrías y los placeres. Todos somos un poco parecidos. Si uno es sincero consigo mismo y habla desde ese punto, no es tan difícil conectar con otras personas que son como tú. Es una cosa que he aprendido de esta profesión. Si la gente vibra con cosas de las que yo estoy hablando, y que hablan de mí, pues probablemente seamos todos bastante iguales [ríe].

Más info sobre los conciertos de su nueva gira aquí.

E. Mendoza

Periodista. Escribo, pero no se me da tan bien como el salmorejo. Twitter: @Malpartida_EM

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