Kevin Johansen y su comedia romántica errante

El cantautor argentino presentó en el POP CAAC su nuevo disco, «Algo Ritmos» (2019), dando, además, todo un repaso a las canciones más importantes de su discografía

Concierto de Kevin Johansen en Sevilla / Fotografía: Ezequiel Mendoza

Dicen que la vida real no es como en las películas, pero para que las películas se parezcan a la vida, algo de verdad tiene que haber en ellas. Pasa, sobre todo, con las comedias románticas: cuanto más inverosímiles, más idealizadas. Cuanto más reales, menos cómicas. O, al menos, la sonrisa es más amarga. Quizás por eso, las buenas comedias románticas son las que se parecen tanto a la vida real, que es difícil distinguirlas.

De hecho, si la vida fuera una comedia romántica, Kevin Johansen sería, sin duda, el protagonista. Con sus canciones dulces, con su guitarra y su cumbia errante, con esa facilidad para convertir cada verso en un caramelo. Anoche, en su concierto en Sevilla, Kevin Johansen tocó a la puerta de nuestra apacible noche de verano y, a lo Andrew Lincoln en «Love Actually», nos enseñó en sus carteles todo lo que lleva dentro. Los algoritmos o «algo ritmos» de eso que llaman amor. Y ya saben cómo es Sevilla para estas cosas.

Como todo protagonista de una comedia romántica, se sabe cuando Kevin aparece en escena porque hay alguien que grita muy fuerte, como si de repente algo le ardiera por dentro. Es como el grito de una sirena. De ambulancia, claro. La sirena de la fama: «¡¡¡¡¡Woo-ooo-ooo-ooo-ho!!!!», grita una señora, sorprendida de su propio torrente de voz.

Al fondo, junto a Kevin, aparece el pipa, ayudando a El Zurdo (Enrique Roizner, 1939, Buenos Aires) a subir al escenario. Tras él, aparecen el resto de miembros de la banda que acompaña a Kevin en esta comedia romántica que empieza así: «Dice que se va a quedar por siempre / en mi cabeza y en mi corazón». Con «En mi cabeza», la cumbia de Kevin se vuelve vírica y los cuerpos de los presentes empiezan a moverse muy poco a poco. Lentamente. Bailando sobre su propio eje cefalocaudal. Primero, de forma espasmódica y febril. Después, casi al compás.

concierto Kevin Johansen Sevilla
Kevin Johansen / E. Mendoza

Con «Baja a la tierra», la película ya tiene su trama: Kevin, un argentino nacido en Alaska, canta triste a un amor perdido. Justo entonces, conoce a Sevilla. Y ya sabemos cómo es el final: tras algún momento cómico, y un poco de drama, la capital hispalense termina perdidamente enamorada de él. Por eso, la siguiente canción tenía que ser «Ni idea»: la película entra en ese farragoso terreno que nos hace creer que no tenemos ni idea de lo que es el amor. Nos siembra dudas y las certezas empiezan a nublarse. Pero no pasa nada: ya está Kevin para explicarnos.

«Esta canción es para Pilar, de parte de Paco», anuncia Kevin, antes de que suene «Es como el día», una canción folkie que compuso con su hija Miranda y que, anoche, un tal Paco quiso dedicar a una tal Pilar. Con su guitarra de doce cuerdas, Kevin canta: «Es como el día / nunca sabés cómo viene / Es ideal / Y yo la quiero por eso». Si fuera una película la escena se fundiría con un primer plano de Pilar y Paco bailando, muy cerca el uno del otro, mientras de fondo Kevin observa a Sevilla. Aquí es cuando el espectador ya lo sabe. No hacen falta más palabras.

Alguien grita desde atrás y nos saca del trance: «¡Canta «El Círculo»!». Kevin sonríe. «Esperá, no seas precoz. Esto es como un valle de subidas y bajadas. Lo que importa es la llegada», le responde el argentino con sonrisa pícara. La audiencia ríe totalmente entregada. Recuerden: esto es una comedia romántica, no puede faltar el chiste verde.

concierto Kevin Johansen Sevilla
Kevin Johansen durante su concierto en Sevilla / E. Mendoza

«Escribí una canción pensando en que yo no iba a ser el típico ‘gil’ en una relación. Pero le di la canción a mi compadre uruguayo, Jorge Drexler, y le dio la vuelta. El título le gustó, eso sí», explica Kevin antes de cantar «No voy a ser yo». Llega así ese punto de toda comedia romántica en la que sabes que algo malo va a pasar, pero todavía se está empezando a cocinar. «Hay gente que no debería enamorarse / algunos no deberíamos dar el sí».

Una vez más, alguien desde el fondo nos saca de la ensoñación y vuelve a pedir a gritos «¡El círculo!». Kevin, que se lo toma con humor, dedica a los precoces su siguiente canción: «Tú ve», una suerte de balada con apoyo coral del resto de la banda, que le acompaña a lo «Shala-la-la», mientras una pareja se mira a los ojos y se besan sin dejar de cantar: «Porque nadie va a quitarnos / lo que ya hemos bailado».

Con la audiencia en el bolsillo, soñando con un amor puro y verdadero, bailando de felicidad, Kevin anuncia el nudo de esta comedia romántica: «Mi vida era como un túnel sin salida. ‘Taba‘ todo mal, joder. Este es el momento oscuro del concierto», afirma, antes de cantar «Desde que te perdí». A partir de aquí, ya solo queda un final posible. De hecho, durante un par de temas, Kevin invita a «los tangueros y milongas» a bailar sobre el escenario. Kevin y Sevilla, oficialmente, ya son uno solo. Por lo que la velada, es decir, la película, se precipita hacia su desenlace con temas como «La gente más linda», «El Círculo», «Daisy» o «Cumbia intelectual».

Así, llegamos al baile de clausura. A los fuegos artificiales: el esperado beso. La tensión se rompe y Kevin Johansen arropa a Sevilla en esta noche de verano con sus bises: «Sur o no sur» (¿Qué es el sur para alguien que nació en Alaska?), «Guacamole» y «Fin de fiesta». La cámara se eleva sobre los presentes y Kevin sigue cantando en el escenario, mientras se produce un feliz fundido a negro. La música se va apagando y en ella se diluyen los siguientes versos:

«Ya se terminó
Ya se va la gente
Ya sé lo que me vas a decir
Que no hay que llorar
Que son cosas que pasan»

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Kevin Johansen, casi al final de su concierto en Sevilla / E.M.

Escucha la playlist del nuevo disco de Kevin Johansen, «Algo Ritmos»

E. Mendoza

Periodista. Escribo, pero no se me da tan bien como el salmorejo. Twitter: @Malpartida_EM

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