Maika Makovski: «Elegimos ser ignorantes cuando toda la información está a nuestro alcance»

La artista mallorquina ofrecerá un concierto dentro del ciclo Nocturama Sevilla 2019 el próximo viernes 30 de agosto

Maika Makovski con The Mani-las / Frame de Youtube

La música tiene algo de curativo: nos toca por dentro y nos calma cuando peor estamos. Para que esa magia ocurra hay que saber convertir fantasmas en acordes. Y eso es un poco lo que hace Maika Makovski (Palma de Mallorca, 1983) con su música, intentar que la noria de la vida esté más tiempo arriba, desde donde podamos disfrutar de las vistas, que abajo, a ras del suelo.

En ella, el concepto de artista alcanza un significado mucho más amplio ya que no solo domina el piano y la guitarra, sino que también está formada en Bellas Artes y ha trabajado en el teatro, el cine o la televisión. Su obra empezó con tan solo 12 años y ahora, a sus 36, ya tiene siete discos bajo el brazo y va camino de grabar el octavo el próximo mes de septiembre.

El próximo día 30 toca en el esperado Nocturama 2019, en Sevilla, para presentarnos algunas de sus nuevas canciones y repasar algunos de sus grandes éxitos. Ella, con su voz, su piano, su guitarra y sus sintetizadores. Los instrumentos necesarios para convertir nuestros fantasmas en acordes. Aunque solo sea por un rato.


Buscando información sobre ti me he dado cuenta de que, en la mayoría de artículos, todo el mundo utiliza la misma frase para definirte: «artista mallorquina de madre andaluza y padre macedonio». Y ahora se me ha quedado la espinita de saber de qué parte de Andalucía es tu madre.

Pues mira, mi madre nació en Málaga pero mi abuela era sevillana, del Rubio y de Herrera, se crió en los dos sitios. 

¿Sueles frecuentar mucho la zona?

No todo lo que me gustaría. Mi madre se crió en Mallorca y yo hasta los 15 años que empecé a irme para un lado y otro, estuve allí viviendo y, bueno, ahora la música es mi mayor excusa para bajar al sur.

Hablando de raíces, he leído que conocer tu legado paterno te ayudó con el anterior disco, además de que fue importante para el proyecto CarMenKa, una iniciativa de dos conciertos que realizaste en el Apolo de Barcelona acompañada de músicos macedonios, en el que mezclabas ritmos y estilos. En otros artistas las raíces pueden ser especialmente importantes para su carrera pero, en la tuya, no han influido de una forma tan directa en realidad, ¿no?

Es muy cierto. Creo que, precisamente, que mi padre sea macedonio, que mi madre sea andaluza, que yo haya nacido en un lugar neutro para los dos, como Mallorca, cuando empezara a descubrir la música, ha llevado a que las influencias procedieran de otros países, sobre todo de la cultura anglosajona. Pues claro, soy una hija de la globalización con todas las letras. 

Realmente mis raíces musicales están básicamente en la cultura americana. Y me he dado cuenta con CarMenKa, el proyecto donde aunaba las raíces de mis dos abuelas, mi abuela sevillana, Carmen, y mi abuela macedonia, Menka, de que las raíces en la música son mucho más que la sangre. Es la música que has mamado desde pequeño, también. Y yo no tuve la oportunidad de vivir tan a fondo la otra música, la de mis abuelas.

Ahora visitas Sevilla, la tierra de una de tus abuelas, para tocar en Nocturama, ¿qué tipo de show podemos encontrarnos?

Para mí ya es un concierto del disco que viene. En realidad, es casi el primer concierto del disco que viene, aunque sigue estando un poco entre medias. Entro a grabarlo exactamente en un mes. Y bueno, voy a tocar un montón de canciones nuevas, será la primera vez que las toque muchas de ellas. Aparte de eso, estaré yo sola al piano, percusiones a los pies, un sintetizador, guitarra… Me voy a venir con toda la cacharrería y con todas las manos que dispongo para repasarlo todo [risas]. Pero voy a hacer temas antiguos y también del nuevo disco. 

¿Estás nerviosa por ver cómo reacciona el público ante esos nuevos temas? 

En realidad, la presentación oficial será con banda. Pero sí que es un momento muy importante cuando tocas canciones que la gente no ha escuchado nunca y ves la primera reacción. Creo que siempre es un indicador muy importante ver cómo reacciona la gente en esa primera vez. También es verdad que influye el sitio, porque hay canciones que dependen totalmente del contexto. Pero bueno, con todos estos años de experiencia que ya tengo, creo que elegí bien, viendo el bonito lugar donde se celebra el Nocturama.

Hablando de nuevas canciones, lo último a nivel compositivo que has realizado es toda una banda sonora para «Quien a hierro mata», la nueva película de Paco Plaza. ¿Cómo ha sido el proceso de composición para este film? Supongo que el piano era la base central, ¿no?

Sí, el piano es el pilar central de la composición y luego está la zanfona, o zanfoña, [interpretada por Germán Díaz] que es el corazón palpitante y la sonoridad que más destaca en la banda sonora. Ha sido un proceso… Vamos, yo creo que es lo más difícil que he hecho en toda mi vida. No sabía que iba a ser tan diferente como escribir para teatro, que es algo que sí que ya había hecho antes. Viendo el resultado [hace una pausa], estoy aliviada, pero sobre todo muy, muy contenta. Es una película muy, muy buena. Creo que la banda sonora la viste como toca.

¿En qué te has inspirado para realizarla? ¿Te dio una idea primigenia Paco? ¿Te enseñó el guión o imágenes de la película para que pudieras inspirarte?

Lo primero que me trajo fue el guión. Realmente es curioso, porque me han contado que hay películas que cuando ves el guión y ves la película acabada difieren mucho una de la otra. Esta película ya tenía el mismo corazón que ya apareció en el montaje final. Desde el principio. Entonces, es una película que habla de emociones oscuras del ser humano y Paco quería que la banda sonora reflejara la obsesión de este personaje principal. 

Es la mejor guía que podía darme porque yo cuando compongo me guío por las emociones y por instintos, y esos primeros meses en los que trabajé con el guión fueron muy productivos, casi más que después, cuando trabajamos en sincronía con las imágenes, que es algo un poco más mecánico.

Volviendo a tu próximo disco, hasta ahora cada uno de tus trabajos reflejaba una etapa muy personal, como si fuera una fotografía de un momento muy concreto, como «Thank you for the boots» o «Chinook Wind». ¿Qué puedes comentarnos del nuevo material que saldrá próximamente? ¿Qué se podrá ver en esa fotografía?

Creo que va a ser un trabajo muy enérgico, muy vital. Es curioso porque es la primera vez que utilizo la música como muleta, como trampolín o cama elástica. Siempre había intentado reflejar lo que estaba sintiendo lo más fielmente posible pero, en esta ocasión, cada vez que me sentía un poco mal decía: voy a escribir y voy a sacar esta fuerza que hay en algún lado, en el bajo de mi estómago, y voy a sacarla en forma de música. Es cierto que cuando comenzaba a salir yo me empezaba a sentir muchísimo mejor. Como decía mi abuela, con garbo [risas]. Creo que es un disco que, realmente, va a tener mucho garbo. Tengo muchas ganas de montar el show con la banda.

Estás teniendo mucho trabajo tanto en cine, teatro, televisión, como sobre los escenarios, no sé si es posible que esta sea una de las etapas más felices personal y profesionalmente de tu carrera, ¿no?

Es que tengo unas ondas muy rápidas, igual bajo muy abajo, pero el mismo día puedo subir muy arriba [risas]. Sin llegar a ser bipolar, por suerte. Pero yo creo que sí, que es verdad que en esta etapa estoy mucho más arriba que abajo [risas]. Quizás con la televisión, como has mencionado, como ya tenía un año de experiencia pues ha sido todavía más gratificante, y las canciones nuevas me gustan mucho y las estoy disfrutando mucho, y montar una banda nueva también está siendo muy bonito, con todo lo trabajoso que es.

Una de tus últimas actuaciones ha tenido lugar en Vilagarcía de Arousa, bajo una iniciativa de Greenpeace, para concienciar sobre el cambio climático. Me llama la atención porque últimamente están saliendo noticias bastante dramáticas al respecto, como la placa en memoria del desaparecido glaciar Ok en Islandia, o las imágenes del terrorífico incendio que está asolando el Amazonas. Da bastante miedo ver cómo en las últimas décadas hemos conseguido degradar tanto el planeta.

Todo el mundo libra sus batallas en esta vida y yo no encuentro… Mira, te lo estoy diciendo y se me está poniendo la piel de gallina. No encuentro nada más importante que proteger el contexto donde vivimos. Más allá de nosotros, que somos los causantes de que estén pasando estas cosas, hay que proteger las especies que no tienen culpa de nada y que son víctimas de nuestro egoísmo y de nuestra voracidad. Y sobre todo de nuestra ignorancia elegida. 

Porque elegimos ser ignorantes en una era en la que toda la información está a nuestro alcance. Hemos de cambiar tantas cosas, tantísimas cosas, nos hemos de concienciar de tal manera, porque estamos en un estado de emergencia. Y como tal, solo el Gobierno tiene el poder de aplacarlo y tiene que ser muy duros y muy restrictivo sobre todo con nuestro consumo. No se está haciendo y hay que alzar la voz porque es cuestión de muy poco tiempo que todo esto se vaya al traste.

Maika Makovski en una imagen promocional / MYCES

Hablando de la responsabilidad de los gobiernos sobre nuestro consumo, ¿crees que en España hace falta un partido verde? Porque no parece que las medidas ecológicas sean la prioridad de ninguno de los partidos actuales.

Sí, curiosamente, se menciona siempre de soslayo. Es verdad que el partido verde dejó de existir tal cual lo conocíamos, se fusionó. Tampoco es un partido al que le hiciéramos mucho caso entonces. Creo que, realmente, antes he dicho que la responsabilidad es del Gobierno, mayormente, pero sí que los ciudadanos tenemos la responsabilidad de hacerles sentir y hacerles llegar que es un tema prioritario para nosotros.

Es un poco el pez que se muerde la cola, porque hay mucha ignorancia y porque nos gusta no mirar. Pero es la única manera porque esta gentuza, y lo siento, pero la mayoría de ellos son gentuza, no mira más que el voto. Si no ven que es algo que preocupa a la población, no cambian nada.

También has actuado últimamente con uno de tus últimos proyectos, la banda The Mani-las, un «power trio» con sonidos muy punk y que ha tenido, además, muy buena crítica, ¿no?

¡Sí! Es un proyecto que nació de la manera más natural y más extraña, a la vez. Nació de un viaje que me propuso el Instituto Cervantes a Manila para dar un concierto allí y siendo un sitio tan lejano y exótico a mí me apetecía no viajar sola. Estuve llamando a todos los músicos con los que había tocado, y nadie podía, y así, pasando por la agenda di con Olaia Bloom, una amiga con la que había coincidido varias veces y que tocaba con Las Culebras, pero nunca habíamos tocado juntas y pensé: esto va a ser una buena idea.

La llamé, la pillé en el trabajo, pero en cuestión de días y con el pasaporte caducado, pero en tiempo récord, al lunes siguiente estábamos en ese avión. Pero decidimos seguir y llamamos a María, la batería, y grabamos un tema. Nos gustó tanto la experiencia que quisimos hacer conciertos. Esto es algo que a mi carrera no me beneficia de una manera cuantificable, pero a nivel emocional y anímico ha sido un regalo. Ya se acaba, porque tengo que empezar con mi nuevo disco, pero este año que ha durado la aventura me lo he pasado tan bien y he hecho dos «her-manilas» como nos llamamos [risas].

No sé si esa sensación que me comentas, del beneficio cuantificable, también tiene que ver, o has sentido alguna vez que así sea, porque aún hay quienes no se toman en serio a los grupos de mujeres en el rock o el punk, ya sean medios, crítica o público.

Bueno, el que no haya obtenido beneficio cuantificable tiene que ver con que es un grupo nuevo, que yo no he explotado por mis canales para decir «oye, que esto existe, venid a vernos». He dejado que el grupo fuera poco conocido y poder tocar en ese ámbito un poco clandestino, casi [risas]. Pero creo que es raro, porque hace tantos años que hay mujeres haciendo rock, que me resulta curioso que todavía para algunos sea una novedad. Pero para mucha gente ver a una mujer sobre un escenario con una guitarra es como ver una jirafa [risas]. Y somos personas que aprendemos a tocar la guitarra u otro instrumento, no hay más.

Además de que hay artistas que diariamente se enfrentan a comentarios del tipo «tocas la guitarra tan bien como un hombre», entre muchos otros. El otro día Bad Gyal se defendía de que la acusaban de «sexualizar su cuerpo» para vender su música. ¿Te has enfrentado a algo así en tu carrera?

Algún comentario sí que me ha llegado. Es verdad que no lo he sufrido tanto, quizás porque he tenido una imagen bastante sobria. Es verdad que me he empezado a abrir, a llevar vestidos en el escenario, quizá por eso, simplemente, porque siempre he dicho: aquí os vais a fijar en la música.

Que es algo muy triste, ¿no? Porque si te apetece llevar una falda, ¿por qué no te vas a poner una falda en el escenario? Pero sí que es algo que tenía en el subconsciente, cuando era más joven. Entonces, obviamente he vivido machismos, como todas mis compañeras. Cada vez que lo hablamos siempre salen mil historias. Por suerte no tanto como le ha pasado a algunas amigas y compañeras y algunas cosas que me han contado.

Hemos hablado de tu incursión en el cine, en el teatro, en el punk, y está claro que eres una artista con muchas facetas. Una de ellas la hemos descubierto este año con La Hora Musa, un programa que vuelve, además, con su segunda temporada que creo que acabáis de terminar de grabar hace poco.

Sí, exactamente hace un mes. Es curioso. Estamos haciendo la entrevista exactamente un mes después de acabar La Hora Musa y exactamente un mes antes de entrar en el estudio, fíjate [risas]. Sí, ha sido una temporada muy bonita. En esta temporada hay nombres muy grandes, vienen Kiko Veneno, Rufus Wainwright, Cat Power, Depedro, Luz Casal… Pero también hay muchos grupos, que son muy interesantes, como Marlon Williams o Curtis Harding que no gozan de una atención mediática mainstream y a mí me da mucho placer presentar grupos de estas características. Con mucha personalidad y muy nuevos para mucha gente.

¿Cómo trabaja el equipo de La Hora Musa para encontrar ese equilibrio entre lo mainstream y la escena emergente?

Yo no estoy dentro de esas reuniones. Me suelen consultar, pero imagínate, es La 2 por un lado, el equipo de producción por otro y el director. Esas son las tres vertienes importantes en la selección de grupos. La 2 intenta traer grupos con más nombre, el director intenta que entren grupos menos conocidos pero que igualmente tengan calidad, y la productora es quien se acerca a los artistas y es quien tiene también sus opiniones y su campo de movimiento. De esa manera tan orgánica nace el equilibrio del que hablábamos, que no quede demasiado mainstream o indie, que no sea demasiado de un estilo o que incluso sea paritario entre mujeres y hombres.

Entre SON Galicia y La Hora Musa, ha colaborado y charlado con artistas de índole nacional e internacional como Franz Ferdinand, Manolo García, Bunbury, Zahara, Iván Ferreiro o Vetusta Morla. ¿Qué artista o grupo, que no conocieras personalmente, te ha sorprendido más en las distancias cortas?

A ver, hay varios, hay varios. Por ejemplo, entendí perfectamente el mito de Luz Casal cuando estuve sentada a dos metros del escenario mientras ella cantaba. Tiene esa manera tan personal de interpretar y es algo que valoro muchísimo en un artista, cuando tiene su propia voz. A la vez, es una persona que sabe quien es y que tiene mucha entereza, me dio la impresión. También, Cat Power por su fragilidad. Fue muy intenso el día en que traté con ella. Una persona que lleva tanto tiempo de carrera y que tiene tanto talento y que siempre está a flor de piel. Y con Silvia Pérez Cruz, que no nos conocíamos. Somos del mismo año y es curioso que después de tantos años en la industria no nos conocíamos y congeniamos muy bien. Hay una serie de gente y personas que dejaron huella, obviamente, aquí.

A los 12 años ya componías. Con 15, actuabas. Y a los 20 debutaste grabando tu primer disco. Actualmente tienes 7 discos, sin contar todos los proyectos musicales tan diversos que has realizado, que van del cine al teatro. Has viajado desde lo alternativo a lo mainstream, tanto al piano como a la guitarra, pasando del pop al punk, incluso. ¿Qué te queda por hacer? ¿Hay algo que te levante curiosidad y que aún no te hayas lanzado a probar en lo musical?

Me gustaría girar internacionalmente, es algo que me gustaría hacer más a menudo. Me gusta mucho viajar, bueno, está en mi sangre. También hice Bellas Artes, por lo que me gustaría, alguna vez, tener el tiempo de hacer una colección de cuadros y hacer una exposición. Por último, y esto no sé si entra mucho en tu pregunta, pero me gustaría tener un proyecto de permacultura. Es algo que todavía la gente no conoce muy bien, no es solo una forma de trabajar la tierra, sino también de diseñar tu hogar y tu terreno y todos tus recursos de una manera sostenible, pero no solo a nivel ecológico, sino también de esfuerzos y de mantenimiento. Me gustaría que, de aquí a diez años, ese fuera mi estilo de vida. Cultivando mi propia comida [risas]. ¡Y con los dedos llenos de tierra!

Suena bastante bien y, además, responsable con el medio, ¿no?

Por supuesto, sí. Tanto que hablamos del cambio climático, para mi una necesidad imperiosa es la coherencia. En la ciudad cuesta mucho ser coherente. Se puede, ¿eh?, pero cuesta mucho.

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