Quique González: «La recompensa de la música es, precisamente, hacer más música»

Concierto de Quique González en Sevilla, el próximo 28 de enero en el Teatro Central, presentando «Las palabras vividas», su nuevo álbum

Las canciones eternas tienen algo que no se puede buscar, te encuentra. Eso lo sabe bien Quique González (1973, Madrid), a quien una vez se lo encontró la inspiración frente a un poema de Luis García Montero y le regaló una canción que ya es sempiterna: «Aunque tú no lo sepas». De ahí, no solo nació este tema, también una amistad.

Con el paso de los años Quique ha seguido tentando a la inspiración con poemas de Luis, pero ninguno terminaba de encajar, hasta que Luis le cambió los planes: no había que buscar en sus poemas, había que escribir letras nuevas. Y eso hizo García Montero, entregarle una a una, durante cuatro años, las canciones que componen este nuevo álbum, «Las palabras vividas».

Quique se enfrentó a un trabajo nuevo e ilusionante: dibujar paisajes sonoros para unas letras que no eran suyas. Del respeto y la admiración nace este trabajo que ahora el madrileño, acompañado de una nueva banda, se encarga de llevar plaza por plaza y que pasará el próximo 28 de enero por el Teatro Central de Sevilla. Porque eso es lo que le pide el cuerpo, vivir cada una de esas palabras, mientras la música corre por sus venas.

las palabras vividas
Luis G. Montero y Quique González (Foto: Keruin P. Martínez, quiquegonzalez.com)

Sobre tu amistad con García Montero, todo surge por una canción que escribiste como encargo para Enrique Urquijo, «Aunque tú no lo sepas». ¿En qué momento ves que ese poema tiene una canción?

[Suspira] Yo estaba tocando en un sitio que se llama «El Rincón del Arte Nuevo» y ahí coincidí con Enrique y me pidió la canción. No sé, surgió un domingo por la noche, así como tocando la guitarra un poco mientras tenía un libro de poemas de Luis por delante, «Habitaciones separadas». Empecé a jugar con ello, realmente. Cogí la idea de «Aunque tú no lo sepas», aunque el poema en realidad va por otro lado. Así fue, no sé, yo empecé a leer la poesía de Luis y fue un descubrimiento que me ha ayudado a escribir mis propias canciones. Para mí ha sido una de las mayores influencias que he tenido, sin duda, por eso para mí hacer este disco ha sido tan especial y tan importante.

¿Cómo fue el primer encuentro con Luis, tras esa primera canción?

Al parecer, Luis cuenta que su hija había leído cómo me había inspirado para «Aunque tú no lo sepas» y eso estableció una conexión nueva con él. A partir de ahí, creo que nos vimos un día en Madrid y me contó esta historia y empezamos a tener contacto y a forjar una amistad. Poco a poco fuimos fantaseando con la idea de hacer algo juntos, en algún momento. Poco a poco se ha ido haciendo realidad.

Has intentado poner música a otros poemas de Luis, de hecho, pero, ¿en qué momento decides dejar de insistir en sus textoss y es él quien escribe letras para ti?

Claro, yo tenía la idea de musicar poemas de Luis y él me persuadió de esa idea. Le pareció más interesante que él escribiera canciones pensando en mí y en mis propias canciones. A mí eso me gustó más todavía. Hacer algo nuevo. Me gustaba que no sonara a poemas musicados, sino a canciones. Con esta idea de Luis era más fácil que eso sucediera, ¿no? Que sonaran, incluso, a canciones que pudieran ser mías. Eso dice mucho de la generosidad de Luis, como artista y como amigo.

Él se ha basado un poco en tu imaginario, tus recursos y tu lenguaje para estas letras pero, aún así, no sé si ha sido fácil o difícil empatizar y hacer tuyas unas canciones escritas por otra persona.

Sí, claro. Como decía antes, Luis ha sido una gran influencia para mí. Además, él las escribió pensando en mí y ha sido muy fácil empatizar con ellas. He tratado de cantarlas como si fueran mías, como si fueran mis propias vivencias, también. Creo que eso no ha sido lo más difícil de todo, ¿no? Para mí empatizar con Luis es algo natural, porque me lo creo.

¿Cuál ha sido entonces la parte más difícil? No sonar a un poema musicado te preocupaba, pero, ¿ha habido alguna parte más compleja en este proceso?

Bueno, claro, como con casi todas las cosas. Hay canciones que me han costado meses y otras que en dos días he dado con algo enseguida. Lo más difícil es encontrar un paisaje sonoro, un camino musical, como quieras llamarlo, que acompañe lo que dice Luis sin que suene estridente. Apoyando, ¿no? Que sea la vía por donde va el vagón del tren. Los silencios y los espacios ayudan también a tener la pausa para comprender y para emocionarte con lo que nos está contando con estas canciones.

De hecho, García Montero afirma que lo que más le gusta de este disco es cómo juegas con los silencios y cómo estos le dan protagonismo a la palabra. Al final, es un disco muy crudo, muy orgánico, que suena casi a maqueta con algunos arreglos.

Sí, lo hemos intentado hacer para que sonara lo más natural posible. Incluso con las tomas de grabación, que hacíamos muy pocas. Creíamos que esa inmediatez iba a ayudar también al disco. El concepto, aunque fuéramos seis músicos tocando, es que todo fuera sutil, que no distrajera ni fuera estridente.

Este disco os ha costado cuatro años sacarlo adelante. Es verdad que por medio has tenido otro disco y una gira, porque ya tenías cuatro o cinco canciones empezadas pero el proyecto quedó pausado. Afirmas que hablar con César Pop fue lo que desatascó el proyecto, ¿qué te dijo para volver a animarte a seguir con este disco?

[Suspira] ¡Le debo mucho a César! Es mi socio de canciones desde hace diez años, igual, y es un maestro. Confío muchísimo en él. Es muy fan de Luis, también. Estaba en un periodo ahí, después de la gira de «Me matas si me necesitas», en que necesitaba parar un poco. No tenía muy claro hacia dónde ir o qué hacer y César me dijo «¿por qué no terminas el disco y te ayudo a completarlo?».

Así fue, de repente me ilusioné con terminar las canciones de Luis que, por otra parte, me iba enviando auténticas joyas para mí. Al final terminé con César dando forma a estas canciones, ilusionado.

Ha sido un proceso largo en el que no has querido intervenir en las canciones pero, aún así, habéis mantenido un diálogo fluido al respecto. Por ejemplo, «La nave de los locos» fue la última canción, un poco a petición tuya, porque le pediste a Luis «una letra que hablara de nosotros». Ocurre también con «Mi todavía», en la cual le pedías una letra menos larga… ¿Cómo ha sido ese diálogo?

Sí, ha sido un poco así, pero, por ejemplo, yo no le he pedido a Luis que cambiara nada de lo que había escrito. Para mí eso era un dogma, el no cambiar nada de lo que me enviara. Buscarme la vida sin preguntar o sin pedir un estribillo aquí o allí. Según íbamos haciéndolo, de repente había canciones muy largas, se habían juntado unas cuantas, y le decía que, bueno, igual hacía falta una canción más corta, de las que a mí me gustan, que ayuden a comprender el disco.

Como el epílogo de «Seis cuerdas», por ejemplo. Canciones que ayudan. Una canción de siete minutos y después una píldora, un pensamiento. Pero no hemos tenido un diálogo, ni yo me he metido en su letra ni él en la música que estábamos haciendo. Ha habido un respeto máximo por las dos partes.

El artista Quique González (Foto: Kike Manquieira para quiquegonzalez.com)

Aunque sea un dogma, es difícil no cambiar nada y, de hecho, es Luis el que en ese sentido llegó a decirte: «No te preocupes, la memoria siempre mejora un poema». Habrá sido una gran responsabilidad gestionar el material de Luis.

Sí, lo ha sido, por el respeto que le tengo y por la admiración, y porque es mi amigo también. Es verdad que lo pasé mal con un par de palabras que las cambié sin querer. Una «o» en lugar de un «y», en «Bienvenida», y un «aguarda» en lugar de «espera», que no cambia mucho, pero a mí me fastidia. Como las erratas en los libros. Nos dimos cuenta tarde, cuando ya estaba grabado el disco. Y Luis me perdonó con esa sentencia [risas].

Hablabas antes de «Seis cuerdas» y parece un corolario que resume muy bien el alma de este disco: «El corazón de siempre, en un acorde nuevo. Aunque no lo esperabas, esto ha sido la música». Esto es un poco lo que sentís vosotros, pero también quienes os escuchan, porque nadie esperaba un disco así.

Bueno, yo sí, llevaba muchos años comiéndome la cabeza por hacer un disco así, con él. Esta canción es otro de los regalos que me ha hecho. Es una canción que me dedicó porque habla del oficio, de contar las cosas importantes. Según las palabras de Luis, es una canción dedicada y, como tú dices, resume un poco el espíritu de este disco que hemos hecho juntos. Creo que, bueno, que es un final bonito para «Las palabras vividas».

¿Te ha costado mucho hilar entre lo viejo, lo reciente y lo nuevo, para el setlist?

He intentado tirar por un repertorio más «folkie». Canciones que se emparejaran bien con las de este disco. Creo que lo estamos consiguiendo. Estamos haciendo buena música y llevar el concepto con el que grabamos el disco, al directo: muy crudo, muchos espacios y muy acústico, y con guitarra española, que no la había utilizado casi nada. De repente veo que, sí, me gusta mucho, que casa bien mi repertorio con ese espíritu y están saliendo cosas bonitas en estos conciertos. Estoy contento.

Comentabas que tras «Me matas si lo necesitas» estabas un poco en tierra de nadie en lo profesional. Recientemente habías sido padre y te replanteabas prioridades. He leído que incluso te embarcaste en un curso de guión, que además terminaste dejando. ¿Si tuvieras que elegir una canción tuya que pudiera ser película, cuál sería?

No lo sé [piensa]. Te diría la que a mí me gustaría, que es «Su día libre».

Justo pensaba que esa y «La luna debajo del brazo», las dos podrían valer puesto que son más peliculeras, ¿no?

Bueno, ¡yo soy bastante peliculero! [risas]. Es cierto, sí. Me gusta crear imágenes con las canciones, escenarios y todo eso tiene que ver con mi amor por el cine. Es mi manera de hacer películas, con las canciones.

En EFE EME le reconocías a Arantxa Moreno que muchos músicos sois inseguros y obsesivos por naturaleza. Y tú afirmas eso de que «es como si tampoco valiese mucho lo que has hecho hasta ahora, tienes que hacer cosas distintas». ¿Estás más tranquilo, más seguro tras haber sacado el disco?

Sí, la verdad es que estoy disfrutando mucho de las dos horas que estamos tocando. Esto me hace creer y me hace querer seguir haciendo camino. Pensar en escribir otras canciones. La recompensa de hacer música es, precisamente, hacer más música, y darte cuenta del privilegio que supone ahí, a los teatros en los que estamos tocando, que salga tan bonito, eso alimenta la ilusión. Sí, estoy bien.

En 1998 salió su primer disco y 21 años más tarde cambian las referencias y pasas de buscarlas en Nashville al Mediterráneo, aunque sea solo para este disco. En aquella primera entrevista te pidieron un titular y tú dijiste aquello de «rock en las venas». Hagamos el mismo ejercicio dos décadas más tarde: ¿cómo titularías esta nueva etapa?

[Piensa] ¡No lo sé! Es una buena pregunta. Es que, claro, veinte años después no me suena tanto rock en las venas, ¿sabes? No quiero cagarla y que dentro de veinte años no me guste la que te voy a decir [risas]. ¿Tengo un poco de tiempo para pensarlo? ¡Te lo digo al final de la entrevista! ¿O era esta la última pregunta?

La verdad es que era esta la pregunta con la que quería cerrar la entrevista, pero…

¡Pues entonces…! [Piensa].

No sabía que te iba a resultar tan difícil.

Sí. Sí, sí. Me lo has puesto difícil [risas].

Es que hay una diferencia clara entre aquellas primeras influencias hacia Nashville y, no obstante, en este disco, hay más guitarra española, acústico, Mediterráneo…

Sí, pero…[piensa]. Claro, me apetece hacer cosas distintas también.

No quieres prescindir del rock, pero no lo sientes de la misma manera, ¿no?

No, sí, sí lo sigo sintiendo, pero también siento otras cosas y le doy importancia a otras cosas que no se las daba antes. Por lo que de aquel titular cambiaría «rock» por «música», simplemente. Veinte años más tarde, música en las venas.

Para más información sobre el concierto de Quique González en Sevilla pincha aquí.

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