El Monkey Week quiere ser una «semana grande» en Sevilla

En su XI edición, el festival Monkey Week SON Estrella Galicia se erige como unos de los eventos de referencia en la capital hispalense

Escenario principal del Monkey Week SON Estrella Galicia 2019 / Fotografía: Irene Mejías

Si tuviéramos que guiarnos por el calendario para definir a esta ciudad, la deducción es rápida: Sevilla, ante todo, es cofrade y feriante. Tiene mérito, por tanto, eso que viene demostrando en los últimos años el festival Monkey Week SON Estrella Galicia: todavía hay lugar en esta ciudad para una tercera «semana grande».

Porque sí: Sevilla también es indie. Muy indie y mucho indie. Los números lo avalan: más de 10.000 asistentes, más de 1.400 profesionales acreditados, 128 artistas de hasta 20 países diferentes, y un impacto económico superior a los 2 millones de euros. Con la Alameda de Hércules como epicentro musical de la ciudad durante una semana. Ahí es nada.

Pasa con las grandes citas en Sevilla que la lluvia siempre quiere su parte de protagonismo, ser el centro de atención. Y con el MW coronado como una de esas semanas marcadas en rojo en el calendario, esta vez no iba a ser menos. Las fuertes y continuas lluvias marcaron las primeras jornadas de calentamiento del festival. Nada que algunas reubicaciones en la programación y un par de pequeñas carpas no pudieran solucionar para que abriera la XI edición del festival el grupo Carolina Durante, uno de los reclamos principales de esta edición.

Cuando la lluvia se cansó de insistir, a eso de las 19.00 de la tarde del viernes, el Monkey Week empezó a brillar con más fuerza y ya no paró de hacerlo en todo el fin de semana. A pesar del frío, la gente volvía a derramarse de golpe sobre las terrazas. Algunos disfrutaban de la lejanía de la música desde los bares, otros se acercaban con curiosidad a los distintos escenarios para ver quién estaba tocando.

–¿Cómo es que me sé esta canción, si no conozco al grupo?–, se pregunta sorprendida una chica en una de las terrazas por estar cantando «Estoy aquí» de Shakira, versionada por Monterrosa desde el escenario principal del Monkey Week, cuyo sonido tecno-pop se colaba con fuerza en las conversaciones de la gente.

Fotografía: Irene Mejías

Un poco más tarde, en el escenario «de los coches de choque», mientras Cariño inyecta ritmo a la noche con sus temazos («Mierda seca», «Canción de pop de amor», «Llorando en vespino»), un par de chicas intentan ver el concierto desde fuera, una montada sobre los hombros de la otra, mientras ambas bailan vacilando un poco a la gravedad.

Nadie queda impune al tontipop: las caderas, de maduros y jóvenes, se vuelven flexibles y bailongas, la gente tira bailando más cerveza de la que se bebe e incluso se forma una mini conga en la puerta del baño para bailar las canciones de este trío madrileño y amenizar la espera.

La medianoche se impacienta pero no llegará hasta que Ignatius Farray y los Tigres Leones, es decir, Petróleo, comiencen su concierto en el escenario del Teatro Alameda. Allí les esperan cientos de adláteres, sedientos por corear sus tics verbales (¡¡¡¡All right!!!!). Con gafas de esquí y trajeado, Ignatius se lanza a gritar su impepinable single «Miedo a la música», acompañado de unos folios en la mano, cual predicador enloquecido.

La esencia de este grupo post-punk-cristiano (?) es, a la vez, su mayor virtud y su peor defecto: como en la comedia de Farray, la gracia está en verle tocar fondo. Aún así, no les dejaron hundirse: al día siguiente, Petróleo se alzó como ganador de la batalla de bandas organizada por Radio 3. Cosas que solo «el dios monete» podría explicar.

Sábado de «kinkidelia», domingo de resurrección

Día soleado en el Monkey Week 2019 / Fotografía: Irene Mejías

El sábado, el sol salió a empujones entre las nubes y el Monkey Week aprovechó para echar el resto. Mientras Uniforms calientan el ambiente en el escenario de los coches de choque, para aquellos que prefieren la música como digestivo tras el almuerzo, Bee Bee Sea pone a las familias a bailar en el centro de la Alameda. Algunos de los niños, entre canción y canción, incluso les ruegan a sus padres eso de «ooootra, ooootra». Cuando la música volvió a sonar, ellos explotaron de emoción.

Un poco más adelante, el grupo Compro Oro se agenciaba el escenario principal, con su sonido a lo No Me Pises Que Llevo Chanclas, pero con algunas distorsiones más y con algún que otro solo de bongo a lo Sheldon Cooper. «Ay, si tú me lo pidieras, yo te daría la vida entera», canta la banda mientras la Alameda, cada vez más poblada, se preparan entre cervezas para una jornada intensa.

Tras la batalla de bandas, Alberto & García toma el relevo mientras el Monkey Week roza su momento más dulce, antes de la traca final. Los jóvenes piden en las barras la penúltima copa, los punkis cabezean al ritmo de la música y los mayores se acercan con cautela a los escenarios.

Un poco más tarde, con la noche arropando las terrazas con un viento frío, Quentin Gas, Texxcoco y Bosco despliegan la alfombra roja con sus potentes (y esperados) directos para la banda que está llamada a revolucionar la escena nacional del rock: Derby Motoreta’s Burrito Kachimba.

El público del MW frente al escenario central / Irene Mejías

En el escenario del Teatro Alameda, pasando la media noche, el grupo andaluz deja claro por qué han pasado de ser la banda revelación el año anterior, a ser cabeza de cartel en la presente edición. El talento, en una banda de rock, no solo hay que tenerlo, también hay que trabajarlo. Eso se nota en las canciones, en los directos, en la actitud del grupo sevillano sobre las tablas. La «kinkidelia» lo llenó todo de un color rugoso y fluorescente, pegajoso y ácido, y ya no hubo manera de sacárselo de encima.

Así termina la undécima edición del Monkey Week, con una sensación que cada vez es más nítida: no es un año más, este el que marca la diferencia. El año pasado fue sin duda un paso al frente, este ha sido la confirmación de que Sevilla es plural, diferente, rara y de que, sin duda, la música forma parte de sus dos columnas vertebrales. Como muchas de las cosas buenas que tiene Sevilla, el Monkey Week vino de Cádiz y aquí se hizo grande, a tan solo un paso de hacerse crónico. Y esa es una muy buena noticia para la música y, cómo no, para esta ciudad.

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